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AMANDA CÉSPEDES

Comunicación efectiva y afectiva, claves para educar a nuestros hijos

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¿Cantidad o calidad? Este es el dilema en el cual la mayoría
de los padres se enfrascan en medio de un mundo agitado en
el cual cada vez queda menos tiempo para estar, compartir y
educar a nuestros hijos ¿Qué hacer entonces? Una respuesta
que la neuropsiquiatra y psicóloga infanto-juvenil, Amanda
Céspedes, basa en la comunicación efectiva y afectiva.

¿Cuán importante resulta la comunicación como base para generar vínculos? Es clave y es desde este punto que se inicia
la explicación que Amanda Céspedes entrega a padres y madres, con el fin de que entiendan cuál es el camino más adecuado para educar a los hijos.

Para la profesional la comunicación es la única vía que nos permite crecer integralmente y generar un organismo en equilibrio. Pero para ello necesitamos de la presencia de ciertos elementos como la mirada, la capacidad de leer el lenguaje no verbal, la capacidad de utilizar el lenguaje verbal como instrumento de comunicación. La capacidad de ajustar conductas de acuerdo a la lectura que se está llevando a cabo, la capacidad de emplear el escenario físico como escenario comunicativo y, finalmente, tener una sensibilidad emotiva para hacer que el interlocutor abra su corazón.

Es acá cuando se introduce el concepto de comunicación efectiva, entendiendo la efectividad como la precisión en el logro de los objetivos. “Se debe comprender, además, el espacio físico como un espacio comunicativo que es fundamental para conseguir objetivos. Cuando ello se logra, se consigue una riqueza en ti y en los tuyos que además es transgeneracional, es decir, tus hijos también aprenden a comunicarse efectivamente”.

Para la especialista entonces existen ciertos elementos que deben estar presentes para generar esta comunicación efectiva. Estos son crear el espacio, atender plenamente, activar la sensibilidad emotiva y aprender antes de reaccionar, es decir, no alterarse.

“Cuando me refiero a crear ese espacio es lo que abrevio con la sigla AES, que significa un Ambiente Emocionalmente Seguro. Se trata de reeditar es espacio de apego, el que se puede dar en dos categorías: un espacio personal y otro íntimo. Ambos tienen que ver con reeditar un vínculo”.

 

 

“Luego, para atender plenamente se debe aprender a observar y a escuchar. Eso lleva a vivir los momentos de manera ceremonial. Y cuando nos comunicamos es por algo y acá entra en juego el tercer punto que es mostrar nuestra sensibilidad y reconocer al interlocutor como alguien digno. Es colocarnos en su lugar, sentir empatía y procurar entender su mente”.

“Finalmente, en el último punto, hay que entender que la reacción es impulsiva y está movida por el miedo, la ira y la frustración. Por ello, cuando se actúa desde ahí, se cierra toda capacidad de educar”.

Amanda Céspedes afirma entonces que todos los recursos están en nuestro ADN, pero no los usamos por diferentes motivos, principalmente culturales. “Tenemos una voz interna que no vocifera y solo susurra, y un ego que subordinar. Tenemos la convicción de que la sensibilidad es una señal de debilidad y, al contrario, es una tremenda fortaleza”.

Con todo este esquema ya claro, la profesional se anima a entrar en una etapa más de índole biológico, al sostener que el corazón es un tremendo órgano que nos permite activar ese mundo de las emociones. ¿Pero cómo puede ser que ello suceda?

“Se descubrió hace un tiempo que el corazón tiene también un cerebro capaz de bombear una señal para activar esa mundo emocional que se encuentra en el cerebro, que es donde las emociones entran en conciencia para luego llegar a la corteza cerebral”.

“Con ello se puede sostener que una comunicación efectiva implica entonces abrir la puerta del corazón. Es acá cuando se introduce el concepto de comunicación afectiva, momento en el cual aparece la sensibilidad emocional, y en donde el logro será alcanzar el objetivo en situaciones emocionalmente difíciles o conflictos”.

Comunicación efectiva y afectiva entonces deben convivir de manera equilibrada, en una ecuación que será la que lleve finalmente a padres y madres a educar y no morir en el intento.

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