GABRIELA PASTENE
ENTENDIENDO LOS HÁBITOS CON UNA MIRADA POSITIVA
Por: Marcela Cademartori

Gabriela Pastene, Psicóloga

Cuando se acerca el fin de las vacaciones, los hábitos y cómo se deben replantear previo a la entrada a clases, es una preocupación que comienza a circular por la mente de muchos padres. Ante esto, la psicóloga infanto juvenil, Gabriela Pastene, nos invita a reformular la mirada con respecto al tema, desde una postura positiva.

Generar hábitos en los niños es fundamental, desde el punto de vista emocional, para construir conductas sanas en edades adultas. El miedo a instaurar hábitos, la falta de tiempo y la connotación negativa que este concepto tiene, son algunos de los factores que han llevado a que cada vez cueste más ponerlos en práctica. La psicóloga infanto juvenil y magister en docencia, Gabriela Pastene, se refiere a este tema al acercarse un nuevo período escolar. Sus consejos toman en cuenta todo lo que ello implica y consideran trazar rutinas efectivas para los niños.


Gabriela ¿Por qué es fundamental generar hábitos en los niños?

Los niños que crecen en espacios con rutinas claras generan hábitos positivos y se sienten más seguros y felices. La rutina les permite anticipar lo que va a suceder durante el día, lo que ayuda a disminuir la incertidumbre y, por tanto, la angustia. Ahora, establecer hábitos positivos, no siempre es fácil, pues se requiere de tiempo, dedicación y paciencia de la persona encargada de la crianza y cuidado del niño. Por lo mismo, en tiempos en los que los padres trabajan tantas horas, se ha vuelto más difícil establecer buenos hábitos.

¿Qué ocurre con los hábitos negativos?

Los niños que no son bien guiados tienden a desarrollar hábitos negativos que son difíciles de modificar. Cuando no se ayuda a regular su conducta, éste se deja llevar por instintos propios de la infancia, los que con el tiempo se convierten en comportamientos dañinos que los hacen sufrir. En resumen, generar hábitos de forma temprana es un mecanismo de protección de la salud mental, lo que permite responder mejor a las exigencias del medio, existe mayor seguridad de sí mismo y de lo que se es capaz de lograr, además de favorecer las relaciones dentro y fuera de la familia.

Los hábitos en torno a la alimentación, sueño e higiene son los primeros que se deberían desarrollar, para luego de forma gradual ir incorporando otros más complejos como los del estudio, por ejemplo. La gracia de los hábitos es que es muy difícil que se pierdan y que con el tiempo no necesitan de regulación externa, se vuelven parte de nosotros.


¿Desde qué edad se debe comenzar a generar hábitos?

Desde que nacemos necesitamos de otro que vaya marcando algunos ritmos en nuestro desarrollo. Entre más pequeños somos, más flexibles pueden ser estas pautas. Por ejemplo, no tiene sentido que un lactante menor de seis meses tenga un horario fijo para tomar pecho, lo más probable es que en la libre demanda se vayan estableciendo de forma natural horarios cada vez más ordenados de alimentación. En general, se recomienda que los hábitos se generen lo más temprano posible. Muchas veces se piensa que es mejor dejar que el niño crezca un poco más para que entienda mejor lo que tiene que hacer. Sin embargo, entre más grande, es más difícil generar hábitos. Por último, es importante no olvidar que a la hora de generar hábitos, predicar con el ejemplo es fundamental.




Durante el verano muchos de estos hábitos se desordenan, horarios, comidas etc., ¿Cómo retomarlos antes de la entrada a clases?

Primero que todo me parece importante aclarar que hábitos no es sinónimo de rigidez. No solo en el verano, en la vida en general, van a existir múltiples situaciones en las que la rutina no podrá ser llevada a cabo al pie de la letra. Lo importante es intentar ser lo más consistentes posibles, pues si somos demasiado rígidos, iremos coartando la capacidad de adaptación de nuestros hijos. Se entiende que durante el verano hayan ciertas excepciones que permiten saltarse alguna conducta o cambiar la rutina; sin embargo, no recomiendo que este cambio sea tan extremo, por ejemplo, la cantidad de horas de sueño no debería ser modificada de forma grosera durante el verano; es aconsejable mantener algunos hábitos básicos lo que más se pueda. Entre más extrema fue la renuncia a la rutina, más difícil será volver a ésta.


¿Por ejemplo?

Para retomar el ritmo escolar se recomienda que un par de semanas se vuelva a la rutina que se llevará durante el año. Generalmente lo que más se altera son los horarios de dormir y levantarse. No es necesario empezar a mediados de febrero a despertar a un niño a las 7 de la mañana, pero sí comenzar cada vez un poquito más temprano. Es importante considerar que si vas a despertar a tu hijo más temprano, es para hacerlo parte de un ritual parecido al que se va a vivir una vez iniciadas las clases, por ejemplo tomar desayuno temprano todos juntos.


¿Por qué es necesario hacerlo?

Primero porque el ir ajustándose a la rutina escolar de forma paulatina disminuye la angustia y hace más fácil el ingreso al colegio. Por otra parte, los hábitos en sí mismos son aprendizajes, que ayudan en el desarrollo de la autorregulación y voluntad, condiciones muy importantes en el ámbito escolar. Estar inmerso en una rutina antes de entrar al colegio, favorece la integración al sistema educativo, por ejemplo, dentro de las salas de clases. En la educación preescolar, el seguimiento de las rutinas es uno de los objetivos de aprendizaje.


¿Cómo reordenar la rutina y motivar el ingreso al colegio?

En general, es importante intentar que los horarios para comer y dormir sean cada vez más cercanos a los del año escolar. Volver a esta rutina puede ser más fácil en la medida que los padres sean capaces de transmitirle a los niños lo positivo de ir al colegio, centrándose en la importancia de aprender, reencontrarse con los compañeros etc. Una actitud positiva favorece la adaptación a la nueva realidad académica, por lo que se recomienda hablar con los niños y adolescentes del tema en forma positiva antes del ingreso a clases y no centrarse en lo difícil que es el fin de las vacaciones.




¿De qué otra forma los motivamos?

Invitándolos a participar de actividades relacionadas con el colegio. Si son pequeños se les puede motivar a dibujar, pintar, recortar etc. Si son más grandes se les puede comentar de algunos temas que conocerán en el nuevo año escolar. Eso sí, en ningún caso recomiendo que se haga estudiar a los escolares durante el verano, puesto que esto puede generar rechazo al colegio, especialmente en niños con alguna dificultad académica. Por último, preparar en conjunto el material escolar también puede ser motivante. Que elijan sus cuadernos, lápices o mochilas los invita a participar de forma positiva del ingreso al año escolar.


Finalmente, ¿Qué sugerencias podrías entregar a los padres que son los encargados de construir estos hábitos?

Les diría que no olviden que volver al colegio y dejar atrás el verano para muchos niños es causa de estrés y de angustia. En el mejor de los casos los niños disfrutan el regreso a clases, sin embargo, pueden haber niños que extrañen su casa, sus juegos y que se angustien, se sientan tristes o enojados. A esos papás les diría que es fundamental que empaticen con el sufrimiento de sus hijos, que los acojan y que los acompañen en el camino de adaptación a la nueva rutina escolar, proceso que puede durar incluso más de un mes. Además, para crear hábitos se necesita de paciencia, dedicación y tolerancia a la frustración. Es importante no perder el control cuando sus hijos manifiesten rechazo al inicio del año escolar, o no se apeguen a la rutina o a las normas que pensaron estaban establecidas. En esos momentos es importante corregir, pero también acoger. Cuando un niño se siente comprendido y validado por sus padres, se adapta mejor a cualquier situación.

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