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FUNDO LAS ESCALERAS

La simpleza como protagonista

/ Fotografías:

Una casa de borde o al borde de los acantilados, a 60m sobre el mar, en la Península de Tumbes, Región del Bío-Bío.

El concepto de entrega plena a la presencia del Océano Pacífico condiciona el gesto arquitectónico a una actitud de simplicidad y modestia, de economía de recursos formales y espaciales para dejar que fluya el paisaje previo.

De esta manera, el programa arquitectónico se resuelve en volúmenes básicos, esenciales, literalmente, unos contenedores negros longitudinales posados en las cotas descendentes del borde y desfasados para no alterar ni tocar la vegetación endémica del sector, con Peumos, Boldos y Ulmos varias veces centenarios.

Aquí, la volumetría se adapta y somete a la primacía arbórea del paisaje. Los contenedores, oscuros y herméticos hacia el camino de llegada, se abren y se hacen transparentes hacia el protagonismo inmanente del mar una vez que se descubre el punto de acceso de la casa.

Por tanto, el programa fluye y se derrama por el ala nor-oriente donde se ubican los dormitorios, o por el ala nor-poniente donde se ubican los recintos sociales; entre ambos, solo la escalinata de intercomunicación. Interiores abiertos y continuos, modulados a un ritmo constante y reiterado por un mega entramado estructural de madera, más bien troncos canteados.

Aquí a través del bosque andino sumergido a consecuencia de represa Ralco, da origen por medio del tiempo y el escurrir del embalse, a una perfecta selva negra generando la resultante de piezas de madera de ciprés de 8×8” que configuran las columnas, vigas y cerchas con amplios planos de cielo levemente inclinados.

La materialidad complementaria, también se remite a pocas partidas; volúmenes interiores de hormigón visto, pavimentos tipo cemento, pisos o tabiques revestidos en madera, o superficies sintéticas blancas y negras que denotan su condición de objetos accesorios o complementarios del espacio habitable.

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