Educacion >

CÓMO ENFRENTAR MARZO Y VOLVER A LA RUTINA

/ Fotografías: Archivo

Ha llegado marzo, y es inevitable no tener temores, de cómo vendrá, de cómo será volver a la rutina, sobre todo los pequeños de la casa que muchos retomarán sus clases. Todas estas incógnitas, Marisol Sagredo, Psicóloga, ayuda a aclararlas y comenta acerca de cómo enfrentar esta etapa del año.

¿Cómo podemos afrontar la vuelta a las rutinas luego de las vacaciones presumiendo que deberemos regresar a esta “nueva realidad”? ¿Qué pasa si tenemos miedo?

En primer lugar debemos saber que el miedo en sí no es negativo, el miedo nos permite estar atentos, actuar con cautela, mirar la realidad en la que estamos insertos, analizarla y ver cuándo y cómo conviene actuar. ¡Entonces el miedo si sirve! Nos protege en el contexto del coronavirus: nos ayuda a tomar acciones para no contagiarnos nosotros mismos y cuidar a nuestros hijos del contagio.. El problema es cuando el miedo nos paraliza. No se trata de no tener miedo, sino de mantener una cantidad de miedo que no sea desmedida. Para lograrlo lo primero es: No sobreinformarse.

Volvamos a establecer rutina (en todo sentido: sueño, alimentación, ejercicio, tiempo de ocio, etc. ). Tengamos un tiempo a solas para desconectarnos de todos y reconectar con nosotros mismos. Socialicemos con quienes más queremos usando las redes tecnológicas o de manera presencial, etc. La rutina nos ayudará a tener cierto control sobre nuestras vidas, aspectos muy importante para sentir que mis acciones y elecciones tendrán una repercusión en la propia vida o las de los demás.

¿Están listos para regresar a clases?

La pandemia del Covid-19 conocida ya mundialmente ha traído entre todos sus efectos cambios en la educación y sus estudiantes sin precedentes . Algunos se lanzarán a clases presenciales otros blended y otros continuarán 100% online. Lo que sí está claro es que tarde o temprano los jóvenes alumnos deberán regresar a las aulas y además de la mochila con sus respectivos útiles cargarán con una mochila emocional sin precedentes.
No hace falta ser vidente para poder pronosticar que estudiantes (desde preescolar hasta cuarto medio) vivirán una ansiedad atípica que aparecerá como resultado de haber estado un año viviendo en una zona de seguridad y confort a una “nueva normalidad” repleta de ansiedades y miedos por la salud física, emocional y cognitiva. En muchos casos (y las investigaciones que ya salen a la luz lo demuestran) las clases online durante el 2020 trajeron mejores calificaciones y mayor ayuda por parte de los padres a sus hijos en tareas escolares, por lo que volver y rendir en un colegio lleno de limitaciones y falta de cercanía en un ambiente adverso e impersonal puede ser mucho más difícil de lo que realmente se cree. De hecho desde la psicología, creemos que los efectos que conllevará la pandemia no solamente podrán evidenciarse en la actualidad, sino que es muy probable que aparezcan en varios meses o años.

¿Qué efectos se podrán apreciar en los niños que retornen a clases durante este marzo?

Investigaciones actuales, como la última realizada por la Universidad Complutense de Madrid plantean que en general los colegios recibirán alumnos que tenderán, en general, a mostrar estrés o estrés postraumático, trastornos del sueño o depresión. Igualmente me gustaría nombrar alguna que hemos visto en varios niños y adolescentes previamente a la llegada de marzo como:ansiedad, miedos, dificultades para socializar, o una necesidad imperiosa de relacionarse con otros, culpas, somatizaciones, inseguridades, baja autoestima e incluso deprimidos. También ha sido recurrente ver jóvenes que sobrepasan límites para aprovechar el tiempo perdido, hecho que. Seguramente dará que hablar en el futuro.

Frente a esta realidad…¿Podemos destacar algo positivo?

Esta realidad nos llevará a que tanto colegios (involucrando a toda su comunidad como directivos y docentes y también apoderados) adquieran herramientas para cuidar de la salud de los niños y jóvenes tanto física, como emocional e incluso social. Si lo pensamos, el hecho de que el regreso a clases se permita en grupos pequeños de estudiantes aparece como una oportunidad positiva en la que el docente podrá conocer cercanamente a los alumnos, pudiendo establecer espacios más íntimos de expresión emocional en donde puedan integrar las experiencias de todos en una opinión de la situación vivida más realista y segura. De este modo podremos fomentar un aumento la confianza y seguridad en ellos mismos y las competencias olvidadas durante la pandemia.

¿Qué debemos hacer los papás?

Primero, debemos partir desde la base de que a ninguno de nosotros nos enseñaron a ser padres y mucho menos en una situación de pandemia.  Ya sabiendo lo anterior es importante que los papás mantengan la tranquilidad ante el regreso a clases. Si los niños y jóvenes nos ven asustados o ansiosos ante el regreso a clases o, peor aún, nos ven alegando constantemente contra las medidas tomadas no sería de extrañar que el niño/a evidencie sus propios miedos y se muestre reticente al volver al colegio.
En segundo lugar, debemos confiar en las medidas tomadas por el colegio en relación a la protección de los niños tanto en términos físicos como emocionales. Si esto no es así, la recomendación es buscar una entrevista con la persona responsable del área (según sea el caso) de cada establecimiento, para así estar lo más tranquilos y confiados en el proceso de retorno. Los docentes han sido capacitados por lo que es de esperar que puedan apoyar a los menores en aspectos que, hasta hace poco tiempo, no eran del interés común de los docentes como son los vínculos y las relaciones sociales mostrando un clima de desarrollo positivo.

El tercer tip que puede ayudar será naturalizar la vuelta al colegio. Es importante que los padres hablen con sus hijos respecto a la vuelta a clases. Explicarles cuál va a ser la dinámica de regreso: el uso de mascarillas, la división de los cursos, la utilización de plataformas en los contextos virtuales, etc. Esta conversación debe darse en un contexto tranquilo evitando fomentar el miedo.
El cuarto lugar: no olvides escuchar a tu hijo/a. Estoy segura que tiene cosas que decir. Debemos fomentar y entregar espacios a nuestros menores para que nos cuenten lo que están sintiendo y, también se sientan escuchados por otro. Es importante que puedan compartir con los demás cómo han vivido este pasado año, qué les pasó a ellos, a sus familias y a sus seres queridos. Es importante que se hable de los sentimientos y emociones porque estas han existido y no podemos borrar o hacer como si el año recién pasado nunca ocurriera.
El tener objetivos realistas y claros es otro punto importante: Quizás en años anteriores las metas propuestas eran altas, pero hoy debemos recordar todos los nuevos obstáculos que se les están presentando a los niños y jóvenes por lo que podría ser razonable disminuir un poco la exigencia. Aún sabiendo esto sería positivo que se establezcan objetivos bien definidos, simples de entender pero, por sobre todo: realistas, evidenciando los obstáculos con lo que se topará y desarrollando, a su vez, un plan de acción por este período.
Si el proceso de retorno se vuelve complicado o emocionalmente intenso nunca está de más buscar ayuda. Esto podrá ayudar tanto a los niños y jóvenes como a sus padres para llevar de la mejor manera posible este comienzo de año en el que se trae a cuestas una pandemia.

 

¿Cuál ha sido el problema que estamos viendo mayormente en los nuevos formatos educativos mostrados durante la pandemia?

Que todos: padres, profesores e incluso alumnos estamos acostumbrados a vivir una educación en la que “el docente enseñe” pero ahora deberemos entender que la educación tendrá como finalidad que “el estudiante aprenda”. Si nos damos cuenta, ahora el centro serán los estudiantes y ya no el docente. El profesor pasará a ser un habilitador de aprendizajes pero será el propio alumno quien resuelva las interrogantes presentadas en cada asignatura. ¿No es lo que los estudiantes han pedido? ¿Centrar la atención en ellos? Bueno…¡Esta es su oportunidad! Aprovechar que los profesores se han visto incapacitados de “enseñarlo todo”, para finalmente entregarle las herramientas a cada estudiante ayudándolos adquirir su propio aprendizaje. ¡Este es un cambio en nuestra manera de entender la educación escolar y preparar asi a los niños y jóvenes para resolver los conflictos del mañana sin entregarles todas las respuestas.

Marisol Sagredo,  Psicóloga con Máster en Pedagogía Terapéutica y Magister en Psico-oncología,

Scroll Up